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lunes, 31 de enero de 2011

Rosana y YO

Hola a todos,

Primero agradecerles por este espacio, a partir de él comencé a refrescar mi historia,… y a darme cuenta de tantas cosas lindas y feas que pase en mi niñez en torno a este tema.
Y tal vez hoy escribiéndolas aquí y compartiéndolas con ustedes me sirva para de alguna manera sanar heridas del pasado que inconcientemente aún molestan.

Desde los 6 o 7 años viví en 2 etapas, hoy lo pienso y no lo puedo creer!!!
Durante el día era YO, comportándome como tenia que hacerlo, igual que mi hermano, jugaba al fútbol porque ese era el deporte de los varones, cuando digo “jugaba” en realidad era andar corriendo tras una pelota sin tener la más mínima noción de cómo pegarle o que hacer con ella. Mis amigos se enojaban conmigo por lo mal que pateaba.
Este era el día…
Pero durante la noche, apenas todos se acostaban, de una forma mágica llegaba Rosana a mi cuerpo, en mi cuarto y apenas iluminándome con el foco de la vereda y que penetraba por las rendijas de mi persiana, solo esto bastaba para que todo fuera mágico.
Las sabanas de mi cama se transformaban en la tela más cara y hermosa con la cual cualquier diseñador de moda podría hacer un perfecto vestido.
Dobladas al medio, pasándole un cinto y colgándomelas a la cintura confeccionaba esa preciosa falda, la otra sabana cubría desde mis hombros cual capa dándole movimiento al atuendo.
Todo este ritual se hacia bajo el más exquisito silencio, nadie podía escuchar lo que dentro de mi cuarto estaba pasando.
El ruido de los autos y los buses fueron compinches en esas noches mágicas.
Esto duraba 1 o 2 horas, luego Rosana se iba y yo quedaba solo, armando mi cama con lo que había sido su vestido, preparándome para dormir, y sabiendo que al amanecer YO tendría que estar presente, siendo quien debía ser…
Rosana me acompaño por varios años, hasta la adolescencia, ahí ella se retiro para siempre, supongo que andará vestida de princesa, arrastrando esas largas faldas, recorriendo noches de soledad.

Un beso a todos y gracias por leer nuestras historias.


Seba

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